Viena
Fecha: 30/03/2006Puede parecer que un mes en Viena, una ciudad relativamente pequeña, da mucho de sí. Sin embargo, la capital austriaca se convierte durante los meses de verano en el hogar de muchos jóvenes que se acercan hasta su mítica universidad a mejorar sus conocimientos de alemán. Y la pequeña ciudad te acoge como si fueras uno más, agradece las visitas.
No hay tiempo para aburrirse: salir, visitar uno de sus innumerables museos o simplemente pasear alrededor del Ring o, para los más perezosos, montarse en un tranvía para recorrer la imperial ciudad.
Había tanto que visitar que el día se quedaba corto. Los días de intenso calor, la mejor opción sin duda era ir a darse un chapuzón al Danubio. Si el calor era más soportable, podías dar una vuelta por el MuseumsQuartier . En este cosmopolita espacio se encuadran tres interesantes museos modernos y un original patio. Si lo que prefieres es el arte clásico, también había donde elegir: Albertina o el Museo Nacional. Clásico, contemporáneo, y por supuesto, la Sezession vienesa, un interesante edificio reflejo del paso de un siglo a otro, de cambio de tiempos.
Algo innovador, y nada que ver con el resto, es la Hundertwasser Haus , una original casa-museo del artista Hundertwasser. No hay que dejar de visitarla.
Para empezar la noche, lo mejor era acercarse hasta la plaza del Ayuntamiento. Antes de mirar a ningún sitio, lo primero que llamaba la atención era la mezcolanza de olores procedentes de los diferentes puestos de comida internacional. Tras ellos, sobresalía imponente el Ayuntamiento ( Rathaus ); y en verano con una peculiaridad: estaba cubierto por una gran pantalla en la que se proyectaba cada noche conciertos de música clásica y óperas. Nada mejor que disfrutar de un mojito o unos tallarines chinos con las mejores orquestas creando un ambiente único.
Si preferías “las tradiciones austriacas” propiamente dichas era sencill en uno de los muchos puestos callejeros podías probar las famosas salchichas, que acompañabas con una buena cerveza. O bien, podías desplazarte con el tranvía a las afueras de la ciudad (apenas 20 minutos de trayecto) a un Heuriger : tabernas donde podías degustar comida típica y vino austriaco.
Pero Viena es mucho más que salir o visitar museos. Hay que mirar más allá y aprender de sus ciudadanos. Una ciudad tranquila, sosegada y sobre todo, respetuosa. Bicicletas, tranvías, automóviles y peatones conviven en armonía; al igual que lo hace la gente, sea de la nacionalidad que sea. No hay una voz más alta que otra, todo sigue el ritmo de la imperiosa y clásica ciudad…
DIARIO VIAJERO
SUMARIO 376
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