La ribera sagrada
Valles, monasterios entre cañones y vides. Imposible entender esta zona que enmarcan los ríos Sil y Miño sin alguno de estos elementos. Un antiguo cenobio sirve de acomodo a uno de los paradores más hermosos, rodeado de un bosque de castaños y con una inigualable oferta gastronómica, cultural y emocional.
El Parador de Santo Estevo se ha convertido en un destino en sí mismo y referencia absoluta de los nuevos aires que viene marcando la Red a sus establecimientos. Un lugar donde las sensaciones pesan casi tanto como la historia.
El monasterio medieval se olvida de su pasado en un moderno spa en el que es posible disfrutar de sus instalaciones –tumbonas térmicas, duchas aromáticas, sauna, piscina de chorros– y también de sus tratamientos. Entre ellos, el Programa Celta, que incluye baño de burbujas, envolvimiento corporal de limos y masaje con piedras calientes y aceites esenciales. Relax total que se multiplica hasta el infinito al contemplar el bosque de castaños al que se abre el Parador o paseando entre sus jardines.
La zona en la que nos encontramos, además de mística, es mundana. Viña Algueira, Regina Viarum y Ponte da Boga son tres de las bodegas con Denominación de Origen Ribeira Sacra, que realizan catas para particulares. Pero no hace falta salir del Parador para probas los vinos de la tierra. Basta con reservar mesa en su restaurante, con una carta repleta de platos típicos: pulpo, trucha de río, lacón con grelos y ternera gallega.
Para hacer la digestión, quizás podamos elegir la habitación del Abad Franquila –la 210–, llamada así en honor al primer abad del monasterio, con tres ventanas orientadas al cañón del Sil. Atravesarlo en catamarán es la última de las emociones que depara el lugar: el embarcadero de Santo Estevo marca el principio y el fin de la ruta.
El Parador se asienta en un monasterio benedictino
declarado Monumento Histórico-Artístico.
declarado Monumento Histórico-Artístico.
Antes de emprender el viaje conviene saber que por Ribeira Sacra se denomina a esa zona que se extiende entre el sur de la provincia de Lugo y el norte de la provincia de Ourense, entre las riberas de los ríos Sil y Miño. Su nombre es usado desde la Edad Media, cuando estos parajes eran conocidos como Rivoira Sacrata por la gran cantidad de templos y monasterios –se pueden visitar hasta 18– ubicados en cañones y escarpadas laderas.
Sabiendo esto, ya podemos comenzar una ruta cuya primera parada bien podría ser el Monasterio de San Pedro de las Rocas, el más antiguo de la zona, fundado en el 573 por eremitas que excavaron uno de los cenobios rupestres más impactantes de España.
Nuestro siguiente destino debería ser el propio Parador, que encuentra acomodo en un antiguo monasterio benedictino fundado, posiblemente, en el siglo VI, aunque las primeras referencias probadas de su existencia sean del siglo X. Declarado Monumento Histórico-Artístico, con fachada barroca del siglo XVIII, cuenta con una iglesia que es casi una catedral y tres claustros de diferentes estilos (románico, gótico y renacentista).
Pasado el Parador podemos proseguir rumbo al Monasterio de Santa Cristina de Ribas de Sil (siglo IX), cuya iglesia es un perfecto ejemplo del románico compostelano, con un bello rosetón. En el monasterio destaca el claustro, del siglo XVI, rodeado de un bosque de castaños. El Monasterio de Xunqueira de Espadañedo, románico con reformas posteriores, el de Montederrao, de estilo herreriano, y el Castillo de Castro Caldelas son otros hitos destacables en esta ruta por tierras de Ourense, que se prolongaría después a Lugo.
Parador de Santo Estevo
No te lo pierdas
El Parador tiene este año una propuesta para sus huéspedes: la de convertirse en caminantes de la Ribeira Sacra. Las rutas cuentan con la participación de un educador medioambiental, que se encargará de ir descubriendo los más bellos rincones de estas tierras: sus monasterios, vegetación y fauna. Recorrer el río Sil en canoa es otra de las actividades que ofrece el Parador de Santo Estevo desde el mes de marzo.
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