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Ruta por el sur de Francia

Naturaleza en estado puro

Fecha: 11/07/2007
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Rodeada de historia, cultura y tradición, la región de Rousillon-Languedoc posee además, un entorno natural sin igual que merece la pena descurbir.

¿Cómo describir una garganta esculpida por los elementos? ¿Cómo definir los colores cambiantes de un paisaje de basalto volcánico sorbe el que se perfila su fortaleza? Es imposible. Por ello, te presentamos una pequeña selección de propuestas para perderse por los espacios naturales del Languedoc-Rousellion con mil ideas sobre escapadas.
Canal du Midi
Navegar a través de Languedoc es una de las maneras más agradables de descubrir esta región.
Por el Canal du Midi podrá explorar casi 240 kilómetros de vías navegables y escoger entre una amplia gama de ofertas de alojamiento y vacaciones a bordo de una embarcación, para descubrir los variados paisajes de la región a través de visitas, paseos a pie y en bicicleta, y franqueando las esclusas del canal. El canal, construido en el siglo XVII, es también una estructura incomparable clasificada como Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO, y surca una región con profundas raíces históricas. Al final del Canal du Midi se encuentran el Canal du Rhône à Sète y el Canal de la Robine, que comunica Narbonne con el mar.
El valle del Lot
El valle del Lot es una de las tierras más fértiles de Lozère. Su impactante entorno brinda también al visitante excelentes opciones deportivas y de ocio: senderismo, golf, centros ecuestres, pesca y los balnearios de Bagnols-les-Bains. Pero además, no debe pasarse por alto la exquisita gastronomía de la zona: quesos, embutidos, mermeladas, miel y uno de los manjares típicos de Lozère, el “aligot”, elaborado con puré de patata y queso tomme.
Los pueblos del valle narran la historia de la región en la piedra de los edificios: la piedra de las viviendas abovedadas, los castillos o antiguas fortificaciones, las iglesias, las mansiones particulares, los prioratos... y las obras más sorprendentes, los dólmenes y menhires que balizan los caminos.
Margeride y Aubrac
Margeride y Aubrac despliegan un extenso territorio marcado por la diversidad: desde los amplios horizontes del inmenso pastizal de Aubrac, hasta las landas y espesuras de Margeride, pasando por los montes de sotobosque.
La naturaleza muestra todo su esplendor. Sorprende la riqueza de la flora: hinojo alpino, árnica de las montañas e incluso dedalera púrpura. En este país de profusos manantiales, el agua siempre está presente, ya sea en arroyos que nacen en primavera y descienden por las laderas de las montañas, ya en los cuatro plácidos lagos de Aubrac, entre los que destaca el célebre Saint-Andéol.
Ésta es la región donde habitaba la Bestia de Gévaudan, un misterioso animal salvaje, tal vez semejante a un lobo, que devoraba a los peregrinos que recorrían la zona en el siglo XVIII. En la actualidad, existen parques animales que exhiben al público la fauna salvaje con mayor seguridad: lobos en Sainte-Lucie, y bisontes europeos en Sainte-Eulalie.
El Languedoc-Roussillon subterráneo
El subsuelo de la región es un laberinto de cuevas y grutas que constituye uno de los paisajes subterráneos más interesantes de Francia.
Unas quince cuevas están abiertas al público. Estas grutas, despliegue de formas extraordinarias, colores sorprendentes, angostas galerías o salas inmensas, evocan a menudo imágenes asombrosas, como los 100.000 soldados de la gruta de Trabuc, o la Medusa de la gruta de Clamouse. En el interior de este universo mineral, surge de cuando en cuando un lago o un río.
El visitante puede recorrer con facilidad los laberintos de vestíbulos y galerías provistos de escaleras, así como los pasadizos iluminados con luces difusas.
Los parques de Animales
En Lozère, en l’Aubrac y la Margeride, los lobos y los bisontes viven en semi-libertad en los amplios espacios naturales que permiten al visitante volver a descubrir, a pie, a caballo o en calesa, estos mamíferos, cuyos orígenes remontan a menudo a la prehistoria. Otra especie insólita, la de los rapaces, se puede observar con los prismáticos en las gargantas de la Jonte, en las terrazas acondicionadas muy cerca de su área. En la Pequeña Camarga, sector occidental de la Reserva natural, la fauna y la flora protegida ofrecen, a caballo, en 4x4 o en VTT, una aventura excepcional, en medio de los caballos blancos, de los toros, de los flamencos rosas y de centenares de aves que han elegido este domicilio. Un poco más lejos, ya en los Pirineos catalanes, podemos ver gamuzas, rebeco sy osos pardos a la vuelta de los circuitos pedestres en verano, con raquetas o esquís de fondo en cuanto empieza a nevar.
Itinerarios muy macizos
Al dejar la Lozère, entre Hérault y Aude, los paisajes alternan montes bajos frondosos, garrigas invadidas de retamas robles verdes para componer decorados deslumbrantes. Como prueba, las gargantas de la Vis o el crico de Navacelles…
El Macizo del Caroux o las gargantas del Héric, en el Parque Natural Regional del Alto Languedoc, acoge a todos los excursionistas. A pie, a caballo o en bicicleta, los circuitos no faltan. En la montaña Negra donde nacen las fuentes que alimentan el Canal de Midi, recorreremos la historia romana entre castillos, abadías y murallas fortificadas. Nos detenemos en Montolieu, ciudad del libro que perpetúo la tradición de la pasta de papel. Y aquí, en Minervois, tierra de vinos y olivos, podremos recorrer sus parajes en autorail turístico.
Al lado, entre rocallas y garrigas, están los Corbières y el país Cátaro, cuyas cumbres exhiben fortalezas inexpugnables. Sorbe los pasos de los caballeros, seguirán un recorrido escarpado entre Aguilar, Termes, Quéribus, Puilaurens y Peyrpertuse, antiguos feudos de la ciudad de Carcasona, en el corazón de los viñedos más prestigiosos: los de AOC Corbières.
El Pequeño Tren Amarillo de la Cerdagne
Con sus colores distintivos, rojo y amarillo, este tren es un auténtico símbolo de la región catalana. Lleva recorriendo la Cerdagne todo el año durante los últimos 90 años.
Construido a principios del siglo XX, el objetivo del Tren Amarillo era comunicar la alta planicie catalana con el resto de la región. El primer tramo se completó en 1910 y unía Villefranche con Mont Louis. Pero la línea no se terminó hasta 1927, cuando llegó a Latour-de-Carol.
El recorrido del tren serpentea a través de un paisaje montañoso, lo cual exigió un gran número de obras de ingeniería, que llegaron a sumar 650 a lo largo de su ruta; las obras de ingeniería realizadas incluyen 19 túneles y dos notables puentes: el viaducto de Séjourné y el puente colgante Gisclard, que permiten que el Tren Amarillo franquee con menos esfuerzo una escalada de 63 km.

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