A Coruña, 800 años de la ciudad de cristal
Fecha: 25/03/2008A Coruña aprovecha el 800 aniversario de la concesión del título de ciudad por Alfonso IX para solicitar que su icono más emblemático, la Torre de Hércules, sea declarado Patrimonio de la Humanidad, al tiempo que celebra la efemérides con una repleta agenda de actos.
Para convertirse en un dios, Hércules debía superar doce pruebas. Una de ellas consistía en robarle el ganado a Gerión, gigante alado con tres cuerpos unidos por la cintura. Hércules –Heracles en griego, hijo del dios Zeus y de la mortal Alcmena– así lo hizo, y cuando Gerión lo perseguía, lo abatió mediante una flecha envenenada con la sangre de Hidra que atravesó sus tres cuerpos. En memoria de aquel gran triunfo, el héroe construyó un faro en el mismo lugar donde había enterrado la cabeza del gigante, ordenando tallar en el mismo los nombres de las personas que admiraran su obra. Dice la leyenda que la primera mujer que lo hizo se llamó Crunna, y que era tan hermosa como la ciudad a la que dio su nombre: A Coruña.
Ésta es la leyenda que rememora el origen de la Torre de Hércules, así como la procedencia del nombre de la urbe donde se levanta lo que en realidad es un faro romano, el más antiguo del mundo entre los que permanecen activos. El poder de atracción de este monumento emblemático es tal que, si se hiciera una encuesta entre todos los viajeros que recalan en A Coruña, con casi absoluta seguridad resultaría ser el que se visita en primer lugar por el ansia de verlo en toda su magnitud (con 58 metros de altura, el promontorio donde se encuentra lo eleva 112 metros sobre el nivel del mar).
Aspirante a ser declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, el Parque Escultórico que rodea a la Torre de Hércules es un museo a cielo abierto donde se respira el aroma marino en obras como los Menhires, el Ara Solis o La Rosa de los Vientos, la rosa náutica definidora de los 32 rumbos del horizonte, sobre la que se reproducen los emblemas de los distintos pueblos celtas.
A Coruña es también la ciudad de los tres récords, dos de ellos mundiales y uno de Europa. La primera plusmarca la detenta la propia Torre de Hércules al ser el faro más antiguo del mundo aún en funcionamiento (desde el siglo II). El segundo récord planetario es el que se refiere a su otra principal seña de identidad: las galerías acristaladas de la Avenida de la Marina, que conforman el mayor conjunto acristalado del orbe. Y es que, al contrario que otras ciudades mediterráneas como Barcelona o Valencia, que vivieron de espaldas al mar, A Coruña siempre ha sido un balcón asomado al Atlántico como prueban los blancos miradores de cristal de las antiguas casas de pescadores, que éstos idearon originariamente para disponer de lugares soleados donde secar el pescado.
Lo cierto es que esta singularidad, que data de principios del XIX, supuso en su día una revolución arquitectónica y ha dado a la capital hercúlea el sobrenombre de Ciudad de Cristal. Una curiosidad de esta emblemática imagen es que las galerías acristaladas no corresponden a la fachada de las casas sino a su parte posterior. Las fachadas se asoman a la Plaza de María Pita y a las antiguas calles principales de la Rúa Riego de Agua y, sobre todo, de la Rúa Real. Así los pescadores veían el puerto desde sus casas y protegían las fachadas de las lluvias, aprovechando la luz natural con estas balconadas.
A sus espaldas, el armónico conjunto geométrico de la Plaza de María Pita (casi un perfecto cuadrado de 100 por 102 metros) está presidido por el suntuoso edificio del Ayuntamiento, construido a principios del siglo XX con el impulso de la pujante burguesía ilustrada para simbolizar la fuerza del poder civil y desmarcarse de la tutela clerical. La estatua de María Pita, en el centro de la plaza, recuerda a la heroína coruñesa que en el siglo XVI hizo frente a los piratas de Drake, el famoso corsario al servicio de la reina de Inglaterra, evitando la invasión de la urbe gallega. Conformada por soportales y edificios acristalados, esta elegante plaza da acceso a la ciudad vieja, a la que el monarca Alfonso IX concedió foro y defensa hace ahora justo 800 años, en 1208.
El tercer récord que posee la ciudad
(en este caso una plusmarca continental) no es otro que el que atañe a su extraordinario Paseo Marítimo, el más largo de Europa con nueve kilómetros de recorrido (tendrá trece cuando se amplíe), que bordea la península sobre la que se asienta A Coruña. Empieza en el Castillo de San Antón, sigue la línea del puerto, pasa junto a la Torre de Hércules y la futurista torre de control marítimo, y llega hasta las playas de Orzán y Riazor. Se trata de una vuelta casi completa a la urbe, que puede disfrutarse en alguno de los remozados tranvías amarillos de madera que se volvieron a poner en funcionamiento como atractivo turístico, aunque las llamativas farolas rosadas de estilo modernista que acompañan su trayecto no gusten a todos sus habitantes.
Las playas de Orzán y Riazor son los dos arenales por excelencia de A Coruña. Si en el Paseo Marítimo se puede practicar el ciclismo merced a su extenso carril-bici, en estas playas es frecuente toparse con surfistas, a los que incluso se les ha dedicado una fuente en la plazoleta situada frente al Hotel Meliá María Pita. Con buen criterio, en tiempos de su ex alcalde socialista Francisco Vázquez, esta urbe volcada al mar eligió su frente marítimo para ubicar sus dos museos más modernos y didácticos, aunque recordando su pasado romano en su denominación latina: la Domus o Casa del Hombre y el Aquarium Finisterrae o Casa de los Peces. En la Domus, el primer museo interactivo monográfico sobre el cuerpo humano, la vanguardia y el conocimiento se dan la mano en un edificio proyectado por el arquitecto japonés Arata Isozaki, en cuyo diseño exterior unos creen observar tejas como escamas de pez y otros imaginan la vela de un barco.
La luz de A Coruña también es especial, aunque no habría que hablar de una única luz sino de diferentes luces en un mismo día, pues los cielos cambian en cuestión de minutos con el viento. Su privilegiado enclave geográfico en forma de península puede propiciar que, de repente, las playas de la ensenada de Orzán se cubran de una tenue niebla que a veces parece espuma de las olas en suspensión, mientras que al mismo tiempo en la zona de la Avenida de la Marina las galerías acristaladas reflejan de manera única esa luz tan especial de la ría.
Lo cierto es que su sobrenombre de Ciudad de Cristal bien podría hacerla merecedora de ser rebautizada como la Ciudad de los Reflejos, como si toda ella fuera un gran espejo de luces diversas doquiera que se va.
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